Por los ojos del vecino
yo me asomo a su ventana,
observo bien sus matices
y en silencio su mañana.
La que empieza sin temores,
como toda su semana,
mientras en mi vientre sigue
mi colibrí con desgana.
Atrapado aquí en su nido,
por miedo que en la mirada,
descubran alas de anhelo
por una ilusión lejana.
Y continua amaneceres
sin vuelo por la explanada
con su gama de colores
en el claustro donde habita.
J.Eugenia Díaz M.

