La irreverente vida me ha dejado quebrada
me sostiene mi sombra
en un paralelismo de temor a los días
convertida en astillas deambulo por los surcos
sembrados de tu ausencia
vulnerable en silencio.
Persistente en mí anhelo yo te sigo buscando.
Y humedezco la tierra que cobija tu cuerpo
un estremecimiento me palpita la entraña
cuando debo marcharme con mis manos vacías
sin resplandor de ti.
Transito las veredas tan estrechas sin luces
con el tacto sensible a desventuras
sin tesón
y en total desacato de atender sugerencias
para sobrevivir sin tu latido.
J Eugenia Díaz


