martes, 17 de septiembre de 2013

Amaneceres sin vuelo


Por los ojos del vecino
yo me asomo a su ventana,
observo bien sus matices
y en silencio su mañana.

La que empieza sin temores,
como toda su semana,
mientras en mi vientre sigue
mi colibrí con desgana.

Atrapado aquí en su nido,
por miedo que en la mirada,
descubran alas de anhelo
por una ilusión lejana.

Y continua amaneceres
sin vuelo por la explanada
con su gama de colores
en el claustro donde habita.


J.Eugenia Díaz M.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Silencios emigrando


Si mis silencios soltara
como palomas al vuelo
una bandada sería
emigrando ya sin miedo
por una ruta imprevista
y aclarado el pensamiento.
Sería claro el discurso
y desgarrado mi acento.


Pero mis aves no cantan,
es mi garganta el encierro
que sentencia sus mutismos,
-y aunque pesa el sentimiento-
siguen dando muchas vueltas
para romper el silencio
siempre buscando salida
que las conviertan en versos.


J.Eugenia Díaz M.

martes, 10 de septiembre de 2013

Canto en tu ventana

Aquella ves la luna
conmovida me presto su luz
para dejar en tu ventana
 mi melancolía
con notas musicales
y por momentos fui,
 cigarra  perturbando tu sueño.

Con anhelo
quise explorar tu lecho
quise beber tus ansias
despejar de tus ojos la cortina del sueño
 introducirme en ti
para ser uno solo.
Y me da rebeldía
sentirme tan consciente
 de esta necesidad de ti,
desnuda y vulnerable.

Que deseo ser lluvia
que estática en la nube
promete la tormenta.
Pero solo soy pez
topando en la pecera
sin amplios horizontes
ni ocasos matutinos
y sin beber tus besos.


J Eugenia Díaz

jueves, 29 de agosto de 2013

Diferente...

Te vuelve diferente el albor de la muerte
al ver en cada rostro deslizar la esperanza
por los pasillos blancos, en silencio, sin suerte
ni cura milagrosa que les brinde confianza.

Sintiéndote consciente de que el tiempo se agota,
ya tiemblas de impotencia totalmente cambiada,
frágil y vulnerable mientras la pena azota,
trémula te despides de su vida acabada.

Te dicen diferente, desquiciada y ausente,
porque se te desliza de entre tus manos lento
y cala en tus entrañas con un dolor presente
al entregar su alma ahogada sin aliento.

¿Cómo curar la herida de este golpe implacable,
Si he cambiado del todo tras su adiós de este mundo,
Si en las noches de insomnio me persigue insaciable
el recuerdo que rompe con su hachazo profundo?

J.Eugenia Diaz

martes, 27 de agosto de 2013

Lo que yo tengo...


Tengo en mis manos versos que en papel van volando,

primero por mi vientre para emprender el viaje
sobre el azul del mar y desde allí cantando
emigrar a otros puertos sin cargar equipaje.

Tengo lunas oscuras que conforman mi credo,
un misterio en los ojos y las alas cortadas,
en mis senos capullos que no crecen por miedo
y en los labios la miel por caricias tardadas.

Tengo un mar encendido que revuelca mi sueño,
un deseo salvaje de sentir en la boca
caricias que deslicen como arena sin dueño
el beso que me ahogue la ansiedad que provoca.

Tengo brazos cansados que prosiguen nadando
en aguas muy profundas descifrando el mensaje
de pájaros que nadan, de peces planeando,
para olvidar un rato la rutina y su anclaje.


J.Eugenia Diaz M.

sábado, 17 de agosto de 2013

Lo que me gusta.


Me gusta la modorra que me brinda el ocaso

cuando queda en mi puño la fragancia del día
que ha soltado sonrisas al calor de mi paso
y en el aire se absorben inyectando alegría.

Me gusta en el otoño la mañana nublada
con el ocre en las hojas como fondo a mi pena,
y esa alfombra que habla de su vida acabada
y ese árbol que cuenta cualquier historia ajena.

Me gusta destejer la orfandad de mi mente
y desprender vivencias en mi mano sujetas,
dejar que se deslicen endulzando el presente,
tratar de componer en la ausencia las grietas.

Y me gusta la vida que el destino me ha dado
en el verde sendero que silente me guía
con cielos matizados por un triste pasado
y un presente que escurre como el agua mas fría.


J.Eugenia Diaz M.

sábado, 10 de agosto de 2013

El costal del alfabeto

Tan extenuada y rota
desconozco la imagen que me habita,
y ese rostro agobiado en la ventana
que observa su naufragio
en un mar tembloroso.


Extraviada
en el eco de ayer busco la calma.

Y me pregunto,
comó será dormir la eternidad
y sacar del costal el alfabeto
dejándolo volar como las hojas
para que no me ahoguen las palabras

Porque agota y enferma
el cáncer de escuchar y de guardar,
-en silencio-
la queja persistente de los otros
que me invade el deseo
de dormir para siempre.


J. Eugenia Díaz